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Olympus Mons (I) diciembre 14, 2007

Posted by Spender in Crónica de Marte.
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Nunca supe contar historias. No sabía mantener la atención de nadie cuando lo intentaba. Especialmente complicadas eran aquellas en las que yo era el protagonista: trataba de restar importancia a los detalles de los que generalmente cualquier oyente querría saber más.

Quizá por eso crea que mi historia aquí, en Marte, de poco o nada puede servir a quien quiera oirla. Las noches marcianas parecen hogueras encendidas muy muy lejos de donde estás. Siempre, te encuentres donde te encuentres, ves pequeños focos que salen del suelo apuntando muy alto. Es un paisaje muy parecido al de la Tierra, incluso mirando al cielo las estrellas son las mismas que allí abajo. Me quedan pues pocos recursos para engancharos a un relato, que sin embargo, cambió nuestra vida en este pequeño punto de la nada.

Todo ocurrió en una noche marciana especialmente lúgubre. Los pequeños reflejos que se producen en la superficie y que provoca el efecto luminoso que tranquiliza a cualquier retina terrestre malacostumbrada a dormir bajo un techo protector cada noche, eran muy tenues. Todo depende de lo cerca o lejos que uno esté del volcán del Monte Olimpo y su cordillera. 27 kilómetros por debajo de su cima, todo se ve de una manera distinta. La perspectiva cambia.

Al llegar allí, sin mediar palabra, nos tumbamos mirando hacia arriba. Queríamos sentir el movimiento del planeta bajo nuestros cuerpos. Nunca hay nubes, así que el entretenimiento aquí, en vez de hallar formas reconocibles en el cielo de día, consiste en buscar melodías conocidas en los silvidos del viento al pasar por las rocas que agujereamos.

Hasta que las melodías se convirtieron en voces. Y las voces en palabras.

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Comentarios»

1. la buena de la película - diciembre 16, 2007

A veces entre enamorados lo que empiezan siendo palabras terminan siendo voces. Y al final, después de las voces llega de nuevo la calma, que termina haciéndose una melodía. Y más tarde, si la melodía se hace monótona terminas creyendo que es silencio.

No sé cómo serán los silencios en Marte, pero en la Tierra son el mayor regalo que pueden recibir nuestros oídos.

Y así, en silencio, me gusta leerte. Porque leerte es otro de los mayores lujos que me permito.

Mil besos


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