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Cuando aparezca el sol julio 25, 2007

Posted by Sr. William Stendahl in Crónica de Marte.
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– Las estaciones son extrañas en este planeta.

– A veces olvidas que los extraños aquí somos nosotros.

 – En la Tierra sería verano. Haría calor. Podríamos tumbarnos sobre la hierba y sentir el sol.

– Pero ya no estamos en la Tierra. Ahora vivimos en Marte.

No deja de llover. Gotas de agua azul, verde y dorada que cae sobre el polvo del suelo, convirtiéndolo en barro. Hace días que no salimos del refujio, donde permanecemos tumbados, el uno junto al otro, dormitando y acariciándonos. A veces nos besamos durante horas. En los momentos perdidos, mientras tú descansas, yo estudio cómo controlar la pequeña araña de oro, pero aún la enredo entre mis dedos sin obtener ningún resultado.

 Una mañana por fín aparecerá el sol, dejando paso a noches en las que las nubes nos dejen ver las estrellas y las lunas. Mientras tanto sólo salimos a por alimentos o para taponar las goteras del tejado, siempre protegidos por nuestras máscaras de plata: la tuya sonriendo; la mía inexpresiva.

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Aire frio en el infierno julio 6, 2007

Posted by Sr. William Stendahl in Infierno, dulce infierno.
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 La eternidad no tiene porque significar un periodo de tiempo prolongado. Puede asaltarte en cualquier momento, convirtiendo un simple minuto en un abismo en el que parecen paralizarse los segundos: pasan tan despacio que casi puedes tocarlos con los dedos.

Lo peor es cuando esos momentos eternos congelan horas enteras, días, en los que la cuarta de las dimensiones parece detenerse por completo, y te arrastra a un estado de semiletargo en el que apenas puedes moverte y, si lo haces, te contagias del mismo ritmo que sigue el tiempo.

Así explicado da la impresión de que el ataque de la eternidad y sus consecuencias pueden ser nefastos, pero todo depende de la situación, del contexto, de la compañía. Por eso, a veces, tumbada sobre la estera de nuestro campamento, oyendo tu respiración lenta y profunda bajo la mía, susurro su nombre sin hacer ruido y la invoco, en vano, para que aparezca y congele ese momento.

Pero parece que no hay fuerza que consiga helar el infierno.