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Luz abril 12, 2007

Posted by Spender in Crónica de Marte.
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No entres dócilmente en esa buena noche,
Que al final del día debería la vejez arder y delirar;
Enfurécete, enfurécete ante la muerte de la luz.

Dylan Thomas

El rojo nos deja ciegos cada mañana, cuando nuestros ojos de terrícolas malcriados despiertan y el resplandor de esta roca lanzada a la inmensidad choca directamente contra ellos. En ese momento me encanta pegarme a ti. Conozco tu rostro a la perfección. Coloco mi mano en tu mejilla y suavemente lo recorro, notando cada una de tus pecas, y sé como reacionan tus labios y tu respiración.

Y la dejo caer en tu cuello que acaricio poco a poco con mis dedos y que busco con mis labios. Ése es el momento que siempre eliges para abrazarme, para colocar mi cabeza en tu pecho desnudo y acariciarme el pelo.

Esta rutina es la que me mantiene vivo aquí. La que da sentido a este planeta inhóspito, este empezar de nuevo que nos hemos propuesto. Y sin ella, o más bien sin ti, poco o nada puede ocurrir que cambie el sentido de las cosas. Sólo hay un inconveniente: ya no hay manera de sobrevivir sin éste despertar rojo que me regalas.