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Nine songs y alguna más septiembre 23, 2006

Posted by Sr. William Stendahl in Infierno, dulce infierno.
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Un riachuelo de gente que se mueve en oleadas. Crecidas y bajadas frente al escenario. Cuando las notas no te taladran es más fácil sentarse a esperar a que el nivel del agua suba de nuevo.

Y entonces se hace de noche. Las luces de colores crean el ambiente y nos agolpamos frente a los cinco endemoniados que rugen allá arriba.
No puedo parar de moverme, con los ojos cerrados y el pelo en la cara. Sólo la música como pauta para mi cuerpo encantado. Y mientras miro a la gente: animados, intensos, poseidos, tranquilos, estáticos. Fauna nocturna de festivales, grupies y cools en general.

Y le veo a él. Apartado del resto, con los ojos clavados en la bestia que salta sobre el escenario. Está al margen del mundo, hundido en la música con una sonrisa extraña, entre el dolor y el placer, moviendo la cabeza al ritmo de cada nota. Y entonces sé que es feliz, inmensamente feliz. Que es capaz de olvidarse del mundo cuando suena la música, que se pierde en su propio vacio y sonrie, como yo. Es otro enamorado del sonido que rompe el aire.

Me ha costado encontrarte, pero ya somos dos, hermanito.

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