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Tercer grado septiembre 20, 2006

Posted by Spender in Infierno, dulce infierno.
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Era un buen cuerpo, el cuerpo de la muchacha. Tenía huesos del más fino y delicado marfil, envueltos redondamente en carne. El cerebro era como una pálida rosa té, que colgaba en la oscuridad, y había un aroma de manzanas en la boca. Los labios se apoyaban firmemente en los blancos, blancos dientes, y las cejas se arqueaban nítidamente ante el mundo, y el pelo caía hermoso y suave en la nuca de leche. Los poros se apretaban diminutos y cerrados. La nariz apuntaba a la luna, y las mejillas brillaban con pequeños fuegos. El cuerpo se movía con el equilibrio de una pluma y parecía como si siempre se cantase a sí mismo. Estar en este cuerpo, esta cabeza, era como calentarse en una estufa, vivir en el ronroneo de un gato dormido, dejarse llevar por las tibias aguas de un arroyo que corría de noche hacia el mar.

Ray Bradbury

Y si de nuevo, mis labios traicionan a mi mente y aunque sea por décimas de segundo, mis palabras coinciden con las cicatrices en tu piel, volverá esa sensación. Y será cada vez peor. Y espero no tener que volver tras de ti, con charcos en el pecho, buscando consuelo y consolarte.

Nuestro bonito infierno me quemó aquella noche, y parte de estas heridas, de nuestras 430 agujas clavadas, se deben a aquello.

Sólo espero no volver a quemarme. Este paisaje debe quedarse tal y como está.

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