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Fuego y memoria septiembre 8, 2006

Posted by Sr. William Stendahl in Infierno, dulce infierno.
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Es difícil explicar la sensación que produce vivir aquí abajo, donde el calor apenas te permite respirar, se te pega al cuerpo y te aturde.

Pero hay mañanas en las que abres los ojos y, tranquilamente, dejas que tu mirada se enlace con las llamas que bailan a tu alrededor, disfrutando de su baile macabro de giros y contoneos naranjas y azules. Y ese calor, que tanto te oprime a veces, se convierte en una caricia sobre tu piel, que acumula gotas de sudor que te lamen la espalda. Incluso podrías llegar a sentir el aliento del mismo diablo apoyado en tu nuca. Sólo un poco de imaginación que te lleva al infierno. A la mejor y peor de las torturas: el recuerdo.

Y entonces te despiertas. Y notas como algo te abrasa la mano. Y la abres para ver como ese billete a una ciudad sin nombre, aún sin estrenar, se convierte en fuego entre tus dedos quemados.

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