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Perdido en la inundación agosto 23, 2006

Posted by Spender in Infierno, dulce infierno.
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El amor se despierta en el gris de su ritmo,
nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,
pero nuestro optimismo se convierte en tristeza
al contemplar las gotas muertas en los cristales.

Federico García Lorca, Lluvia

Y acaba sólo habiendo lluvia sobre la almohada. Sin rabia, sin rencor, pero llueve. Y se encharcan las costillas como dos enormes agujeros gemelos y profundos en el pecho.

Dos o tres palabras bastan. Y sólo quedan besos salados en la comisura de los labios, y miradas y caricias imaginando noches mejores. El techo llora, las paredes suspiran y el insomnio sonríe como un loco sabedor de su victoria.

Y sólo quedan pequeños golpes profundos, alcanzando órganos vitales que ni siquiera sabías que existían. Pequeñas llagas sobre una piel demasiado sensible, que busca refugio en tu regazo como un niño.

Y sólo queda una cura. Y es la misma que la enfermedad.

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