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Balsas de madera agosto 23, 2006

Posted by Sr. William Stendahl in Crónica de Marte.
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Antes no llovía en Marte. La tierra roja no conocía el golpeteo intenso de las gotas, y tampoco su caricia tenue. Había agua, por supuesto, grandes canales recorren y comunican las ciudades marcianas, pero nacían de debajo del mundo, nunca venían del cielo.

Pero entonces el hombre llegó a este limpio planeta y apenas pudo dar una bocanada de aire. Plantó árboles que movieron el aire y las nubes cubrieron los cielos despejados. Y, por primera vez en miles de años, la lluvia volvió a mojar el fondo de los mares secos, rompiendo el brillo del rojo intenso del suelo y las rocas, apagando la luz propia del planeta.

A veces, sobretodo de noche, no son los árboles quienes llaman a la lluvia. A veces, se cuela por las rendijas de nuestro refugio, calandonos hasta los huesos. Por eso, cuando me sobra tiempo en este mundo sin rutina, talo los árboles pequeños y construyo balsas de madera. Así evito que te entre el miedo que te atenaza el pecho cuando llega la lluvia y amenazan las inundaciones.

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