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Nuevo mundo en el sistema solar julio 30, 2006

Posted by Spender in Crónica de Marte.
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Tan sólo queda junto a mí, en su cuna,
el reposado sueño de mi hijo.
¡Es tan tranquilo! Tanto que perturba
el pensamiento con su extremo y raro
silencio. ¡Mar, colina y arboleda,
junto a este pueblo! ¡Mar, colina y bosque
con los hechos diarios de la vida,
inaudibles cual sueños! La fina llama azul
se aquieta en el hogar y ya no tiembla;
sólo esa cinta interrumpe la calma,
agitándose aún sobre la verja.

Samuel Taylor Coleridge

Aún me es fácil recordar el color de la atmósfera terrestre cuando la atravesamos como un cuchillo. La sensación después de aquello fue parecida a la de una noche de verano. Nos tumbamos muy juntos en el pequeño habitáculo de la nave que destruimos nada más llegar para no tener nunca tentaciones de volver y respiramos con tranquilidad el aire -más pesado que de costumbre- sintiendo como nuestra vida iba poco a poco recuperando un equilibrio, una sensatez y un orden.

Un orden que tú y yo preestablecimos sin necesidad de escribirlo, sin más necesidad que una mirada y una caricia que me hizo extremecer. Y al posarnos sobre esta roca roja, vimos las luciérnagas azules de las que habíamos oído hablar en la Tierra.

Y vimos como se movían, hipnotizándonos como las llamas de un hoguera que alguien había olvidado en el último intento de colonización. Y pensaron que estábamos locos viniendo hasta aquí. Y nos dijeron que acabaríamos volviendo y para entonces ya habríamos perdido todo.

Y nos reímos al vernos allí, sabiendo que solo nosotros conocemos la verdad. Sabemos que los locos son ellos.

Llegamos cuando ELLOS ya se habían ido julio 29, 2006

Posted by Spender in Crónica de Marte.
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Estábamos al borde de una guerra horrible y rotunda, la tercera, la devastadora, la biológica y nuclear. Yo apenas podía dormir y tú componías de noche para no dejarme sola. Y un día todo estalló y nuestra querida Tierra se vió reducida a cuatro continentes. No quería morir allí y tampoco luchar por ella: ¿en qué se había convertido la vida en este planeta? Estábamos dispuestos a dejarla sucumbir a su propia soberbia y que, cuando todo ocurriera, no nos pillase cerca.

Me propusiste lo del cohete. Escapar ahora que todos habían regresado y la madera terrícola, de los pueblos de los colonos, se pudría al contacto con el viento de los mares secos de Marte. Yo te propuse irnos al infierno, pero me replicaste que, si algo salía mal, seguramente acabaríamos allí de todos modos. Así que te seguí, como he hecho siempre, libre de toda duda.

Partimos en una noche de luna nueva, para que nadie pudiese vernos en el aire. Los radares estaban muy ocupados detectando las bombas que llovían sobre toda la Tierra. Mi último recuerdo de nuestro antiguo planeta fue la imagen del mar atlántico que brillaba al ritmo de las explosiones.

Cuando pisamos por primera vez las dunas rojas no pude evitar llorar. Habíamos trasformado aquel mundo armonioso a imagen y semejanza de nuestra decadencia. Y entonces lo decidimos. Tú serías Spender y yo Stendahl, y borraríamos de aquella superficie cualquier vestigio del paso de nuestra especie. Devolveríamos a las colinas, a los ríos y a las llanuras sus antiguos nombres. Nosotros seríamos los marcianos.

Desde entonces compones de día y yo duermo arrullada por el paso de las lunas de nuestro infierno particular.