Luz Abril 12, 2007
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No entres dócilmente en esa buena noche,
Que al final del día debería la vejez arder y delirar;
Enfurécete, enfurécete ante la muerte de la luz.Dylan Thomas
El rojo nos deja ciegos cada mañana, cuando nuestros ojos de terrícolas malcriados despiertan y el resplandor de esta roca lanzada a la inmensidad choca directamente contra ellos. En ese momento me encanta pegarme a ti. Conozco tu rostro a la perfección. Coloco mi mano en tu mejilla y suavemente lo recorro, notando cada una de tus pecas, y sé como reacionan tus labios y tu respiración.
Y la dejo caer en tu cuello que acaricio poco a poco con mis dedos y que busco con mis labios. Ése es el momento que siempre eliges para abrazarme, para colocar mi cabeza en tu pecho desnudo y acariciarme el pelo.
Esta rutina es la que me mantiene vivo aquí. La que da sentido a este planeta inhóspito, este empezar de nuevo que nos hemos propuesto. Y sin ella, o más bien sin ti, poco o nada puede ocurrir que cambie el sentido de las cosas. Sólo hay un inconveniente: ya no hay manera de sobrevivir sin éste despertar rojo que me regalas.
Polvo rojo Marzo 26, 2007
Posted by Sr. William Stendahl in Crónica de Marte.add a comment
Cuando llegamos al otro lado del planeta nos miramos desolados.
Nada. Silencio. Polvo rojo volando sobre la inmensa tumba en la que convertimos Marte, hace ya algunos años.
- Eran ecos en el viento – dijiste tratando de consolarme, de hacerme entender algo mucho más allá de tus palabras. Yo no quería pensar. Me senté y, simplemente, acaricié el suelo marciano con mis dedos, dibujando espirales de tierra removida, como marcando mi paso por aquel desierto: “aquí estuvo una terrícola”.
Tú permanaciste de pie a mi lado, mirando el horizante con los ojos semicerrados por el cansancio. Después los cerraste, y tu mundo y el mío se fundieron a negro.
Cuando cayó la noche, nos tumbamos en nuestra tienda desmontable. Apenas habíamos hablado en aquel día, mucho menos en los anteriores. Según nos acercábamos al final del camino ambos intuíamos que allí no nos esperaba nada, pero, como siempre, seguimos adelante sin temer las desilusiones predecibles.
- Podríamos levantar aquí otro campamento – susurré acercándome a tu oído. Estabas tan cansado que no advertiste que no se trataba de una idea, sino de un ruego.
- Esto es un desierto. Apenas hay agua y la tierra no es fértil. Además estamos lejos de las ciudades marcianas. ¿No echarías de menos las vidrieras de colores, las grandes plazas, los libros de plata y los canales azules? Debemos volver. Aquí moriríamos de hambre.
Entonces te dormiste. Yo temblaba a tu lado. No sé que clase de intuición me acompaña ni de donde me llegan las premoniciones, pero a mitad de camino ya sabía que no encontraríamos nada, al igual que ahora sé con certeza que aquel ya no es nuestro campamento.
Y no sé si deberíamos descubrir en lo que se ha convertido.
Los alienígenas somos nosotros Enero 22, 2007
Posted by Sr. William Stendahl in Crónica de Marte.add a comment
Hoy salimos del refugio para encontrar una frondosa capa de niebla que envolvía todo. No se veía más allá de dos metros y, en un gesto estúpido y desmedido, te cogí la mamo por miedo a alajarme y perderme. Volvimos a entrar en el refugio para acurrucarnos y quitarnos el frío, desayunando algunas de las provisiones que guardamos para días como este. Entonces lo oímos.
Marte es un planeta deshabitado. Lo recorrimos mil veces en cualquier dirección y nunca encontramos a nadie ni nada vivo. Los marcianos murieron de viruela, que quemó sus huesos dejándolos convertidos en negros cilindros calcinados, que el viento se encanrgó de esparcir sobre el rojo calcinante del planeta. Pero hoy nos enviaron sus voces.
Nos quedamos en silencio, escuchando atentamente aquellos sonidos de notas metálicas que arrastraba el aire. Era una música hechizante, un zumbido de flautas de acero que estremecía nuestras espaldas. Una música demasiado macabra para dejar de escucharla.
Entonces dijiste aquella frase impulsiva: “Tenemos que encontrarlos”.
Nunca habíamos abandonado nuestro refugio por tanto tiempo ni nos habíamos adentrado tanto en la parte menos conocida del planeta. Pero tenemos que acudir a su llamada. Debemos explicarles que la raza humana desapareció en aquella explosión de fuego verde lima y que ninguna nave volverá a posarse sobre la superficie del planeta. Tal vez nos escuchen, tal vez empiecen de nuevo.
Por nosotros no deben preocuparse: ahora somos nosotros los marcianos.
La dulce espera Octubre 2, 2006
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Well, I waited for you when I was half sick
Yes, I waited for you when you hated me
Well, I waited for you inside of the frozen traffic
When you knew I had some other place to be
Now, where are you tonight, sweet Marie?Bob Dylan, Absolutely Sweet Marie
Te has vuelto a marchar. Decidiste que era hora de explorar un poquito más y saliste ayer cuando atardecía.
Me sigues tratando como a un niño a veces. Por eso me has dejado aquí. Crees que tu intuición femenina te salvará de cualquier peligro que te encuentres, y que es mejor que yo espere aquí, sentado, escribiendo, leyendo, retomando los viejos cálculos, las viejas máquinas que estudiaba antes de que escapáramos.
A estas alturas sólo contengo las lágrimas por ti. El miedo va por dentro.
Por ahora un hasta luego Septiembre 3, 2006
Posted by Sr. William Stendahl in Crónica de Marte.add a comment
Los bosques marcianos se abrían ante mi oscuros y desconocidos. Daba miedo simplemente mirarlos. Corrían rumores de que lo últimos habitantes del planeta se habían refugiado en ellos cuando los hombres llegaron: zarparon en sus barcos de arena y se adentraron en la espesura.
Y nosotros no les conocemos. Tal vez, si les encontrásemos entenderíamos el significado de muchas cosas que aún nos sorprenden de este mundo extraño. Entonces decidí salir a buscarlos. Ellos podrían hablarnos de los errores de su civilización y de la nuestra, podrían enseñarnos a leer los libros y a tocar su música, a navegar por los canales y los mares secos.
No quería despedirme. Esos días estabas muy concentrado en tus ingenios de mecánica y tus máquinas maravillosas y yo me fui en silencio, acariciando tu espalda por la mañana y besando tu frente. Te dejé mis razones escritas, prometiendo volver. Porque es sólo un hasta luego.
Ahora estoy aquí, trepando entre los troncos, rodando sobre las ojas secas, alimentándo mi ansia con el rocío, los frutos y los arroyos. De noche, las telas de las arañas de oro brillan como constelaciones lejanas. Y a su través aparecen las verdaderas estrellas. Entonces me duermo tranquila, sabiendo que tu mirada viaja hacia los mismos puntos infinitos.
Vivos Septiembre 3, 2006
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Algunos dicen que el mundo acabará entre llamas,
Otros dicen que entre hielos.
De lo que yo he saboreado del deseo
Estoy de acuerdo con aquéllos que favorecen el fuego.
Pero si tuviera que perecer dos veces,
Creo que conozco bastante de odio
Como para saber que, para la destrucción,
El hielo también es poderoso
Y bastaría.Robert Frost, Fuego y hielo
Hoy hemos decidido cosas importantes.
1º: No queremos ser parte de una locura semejante a la que se vive en la Tierra.
2º: La muerte ya no sólo es física. En la Tierra dejamos atrás millones de muertos. Hay cosas que tras la muerte siguen funcionando (como el crecimiento del pelo, por ejemplo) así que en realidad la muerte existe en aquellos que no son capaces de creer, ver y luchar por los cambios de un sistema injusto a todas luces.
3º: El universo ya no es lo que era.
4º: Nada está abocado al fracaso. Siempre hay esperanza.
5º: Ya no habrá “tú”s ni “yo”s. Sólo “nosotros”.
Cartografía Agosto 24, 2006
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Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.Juan Ramón Jiménez, El viaje definitivo
Hoy hemos acabado el primer mapa detallado de Marte. Sí, supongo que hay costumbres humanas difíciles de perder, pero a mí me pareció práctico y tú me dijiste que era buena idea.
Aquí somos felices. Desde que nos levantamos hasta que no se ven más que estrellas somos felices. Siempre nos quedamos levantados hasta tarde (aunque no sé muy bien cuando nos acostamos, destruiste todos los relojes nada más llegar y, la verdad, no los echo de menos).
Me obligas a quedarme despierto un buen rato hasta que crees que, después de observar un buen rato el cielo, ya me siento lo suficientemente pequeño e insignificante por ese día. Es nuestra lección diaria. Aquí no hay “padres nuestros” ni peregrinaciones a ciudades muertas.
El mapa parece haber quedado lo suficientemente bien como para poder guiarnos. Ahora nos hace falta un mapa de estrellas. No cambiaremos nada. Igual que hicimos con los montes marcianos. Todo conservará su nombre. Después de todo, la Tierra quedó atrás y no queremos cometer los mismos errores.
Balsas de madera Agosto 23, 2006
Posted by Sr. William Stendahl in Crónica de Marte.add a comment
Antes no llovía en Marte. La tierra roja no conocía el golpeteo intenso de las gotas, y tampoco su caricia tenue. Había agua, por supuesto, grandes canales recorren y comunican las ciudades marcianas, pero nacían de debajo del mundo, nunca venían del cielo.
Pero entonces el hombre llegó a este limpio planeta y apenas pudo dar una bocanada de aire. Plantó árboles que movieron el aire y las nubes cubrieron los cielos despejados. Y, por primera vez en miles de años, la lluvia volvió a mojar el fondo de los mares secos, rompiendo el brillo del rojo intenso del suelo y las rocas, apagando la luz propia del planeta.
A veces, sobretodo de noche, no son los árboles quienes llaman a la lluvia. A veces, se cuela por las rendijas de nuestro refugio, calandonos hasta los huesos. Por eso, cuando me sobra tiempo en este mundo sin rutina, talo los árboles pequeños y construyo balsas de madera. Así evito que te entre el miedo que te atenaza el pecho cuando llega la lluvia y amenazan las inundaciones.
Tic tac tic… Crack!! Agosto 13, 2006
Posted by Sr. William Stendahl in Crónica de Marte.add a comment
Aquí arriba el tiempo no funciona. No hay rutina, ni obligaciones, ni horarios establecidos. Todo eso lo dejamos en nuestro antiguo hogar. La sensación de no regirse por el paso de los minutos no era nueva, de vez en cuando conseguíamos escaparnos y dejar de mirar el reloj por unos días, pero nunca había durado tanto. Pensé que no conseguiría acostumbrarme.
Pero cuando me desperté hoy -no sé si por la mañana o al medio día o rozando ya la tarde- no sentí el impulso de mirar ningún enjendro mecánico que indicase el nombre de ese momento de mi vida. La falta de horas respiraba placidamente bajo mi cuerpo; el tiempo inexistente resbalaba sobre la piel de mi espalda, acariciandome despacio.
Cuando escapé de las redes de aquella placidez, salí afuera y enterré mi reloj bajo la tierra roja. Antes de volverme para observar el refugio que hemos encontrado, pisoteé el montón de tierra que quedaba a mis pies hasta que lo oí crujir. Luego me detuve y pensé que, tal vez, ahora que no tenemos que vivir presionados por el tiempo, consigamos que deje de escaparse entre nuestros dedos.
Despierta y huele el azufre Agosto 1, 2006
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Límpiame el espacio
para observar las estrellas.
Ellas soñaron con telescopiosThe Zephyrs, Stargazer
- Dicen que cuanto más volamos más arriesgamos nuestras vidas.
Dabas vueltas alrededor de la nave con aquella lata de gasolina en las manos, vertiendo el líquido dorado sobre los pies de la nave.
- No tenemos por qué volverlo a hacer, ¿verdad?
Sonreías como una loca. Parecías completamente fuera de ti. Sólo faltaba la chispa. La misma chispa de aquella noche de febrero. El mismo descaro y la misma timidez que perdí el momento justo antes de pedirte que te metieras entre mis sábanas y te quedaras allí para siempre.
Nos miramos. Prendiste la mecha y nos alejamos para que el humo no manchara el espectáculo de la noche marciana que por primera vez admirábamos. Aquella noche observamos las estrellas hasta dormirnos.